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DESIGUALDADES EDUCATIVAS: EL CONTRASTE ENTRE SUEÑOS Y REALIDADES

Por Esteban David Rodríguez Flecha / Editor SalaUrbana

Ya han concluido las esperadas graduaciones del año 2023, y los estudiantes comienzan a disfrutar de unas merecidas vacaciones, mientras que los maestros, a pesar de anhelar el descanso, tienen su mente enfocada en los preparativos para el próximo ciclo educativo.

Tuve la oportunidad de presenciar varias graduaciones y observar las distintas reacciones de los graduandos. Algunos demostraban una felicidad desbordante, otros mostraban seriedad e incluso algunos parecían cansados, bostezando o mostrando una falta de interés evidente durante la ceremonia y el protocolo de la graduación.


Muchos de ellos compartieron sus sueños y planes para el futuro, especialmente aquellos que comenzarán una nueva etapa en la universidad, hablando emocionados de sus futuros estudios profesionales.


Sin embargo, existe otro lado de la moneda que quizás algunos de ellos aún desconocen y no han tenido la oportunidad de ver. Esto implica el inicio de una deuda por préstamos estudiantiles, ya que no todos tienen becas ni los recursos necesarios para cubrir los costosos estudios universitarios. Además, están los gastos de hospedaje, transporte, comida y otros gastos asociados.

A medida que pasan los días, los salarios en trabajos profesionales son cada vez menos competitivos, incluso para aquellos con una excelente preparación académica. He conocido a profesionales que han optado por abandonar sus trabajos en sus campos de especialización porque se dieron cuenta de que, trabajando en empresas como Costco o Home Depot (por mencionar algunas que ofrecen atractivos beneficios), pueden ganar más y obtener mejores prestaciones. Aquellos que logran acceder a posiciones políticas con sueldos jugosos, que solo se ven en el Capitolio, son la excepción.


El gobierno afirma que la educación es lo más importante, pronunciando discursos frente a millones de espectadores en las graduaciones y entregando medallas. Sin embargo, la realidad es muy diferente cuando llega el momento de la verdad. Los recursos prometidos brillan por su ausencia, y muchos de estos estudiantes se enfrentarán a una jornada solitaria.


Muchos de ellos se verán obligados a trabajar, incluso si eso significa sacrificar su tiempo de descanso para alcanzar su meta universitaria. Otros se limitarán a consumir los menús económicos de los restaurantes de comida rápida, porque su presupuesto simplemente no les permitirá otra opción. Lamentablemente, muchos se verán obligados a tomar la difícil decisión de abandonar sus estudios, dejando atrás sus sueños y aspiraciones, mientras buscan mejores oportunidades y recursos en otros lugares.


¿Qué ha sucedido con el tiempo en que se priorizaba y se administraba adecuadamente los recursos gubernamentales destinados a la educación? Es triste constatar que la mayoría de las instituciones educativas, donde se enseña a nuestros estudiantes a ser buenos ciudadanos y a esforzarse para dar lo mejor de sí mismos, están en mal estado, sin pintar, con canchas abandonadas, sin libros, sin papel y en ocasiones hasta sin maestros.

 

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