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  • Foto del escritorSala Urbana

Diáspora: El Jardín de Mami

Por Samuel Rodriguez Flecha, PhD / info@salaurbana.com


Hay días que extrañamos la playa, o el calorcito. Una tarde lluviosa, o el cantar de los coquíes. Añoramos quizás un viajecito a la panadería, o al chinchorro de los pinchos o las frituras. Una parada en el puesto de piraguas o de helados. Un pasadía en el río o ir a volar chiringas en El Morro. Ir a comer a una lechonera, o a un restaurante frente al mar y comerse un pescado frito o una ensaladita de pulpo.

Otros días la melancolía es justamente por la familia. Hay veces que se da en épocas específicas del año. Para algunas personas puede ser durante las navidades, o para el cumpleaños de un ser amado. Para otras personas puede que sea los veranos.


Hay ocasiones en que se mezclan todos los elementos: lugares, comidas, familiares, y épocas memorables.


Sin embargo, otras veces no son ni los días festivos ni los eventos notables. No son el Día de Reyes ni El Dia de Acción de Gracias. Tampoco lo son los lugares reconocidos. No es Piñones ni El Yunque. Ni Guavate ni Joyuda. Ni la comida. No es el mofongo ni las verduras.


Hay veces que extrañamos las cosas que parecen ser sencillas. Los momentos aparentemente simples.


En ocasiones decimos o escribimos un Te extraño. Un Me hacen falta. O texteamos un corazón.


Y en otras no hay que decir ni palabras para expresar un Te Amo.


Algunas veces Mami me envía fotos del patio de casa, o de las orquídeas y las amapolas de su jardín. Cuando comparte esos detallitos conmigo, comparte una parte de ella. Una flor del jardín de Mami me dice tantas cosas. Por una parte, es un gesto sencillo. ¡Pero es un gesto tan grande!

Sus detalles traen gozo a mi corazón. Me satisfacen. Me transportan a casa.

Puedo sentir el calor, el brillo del día, los colores, el silencio, la brisa. Me lleva a casa.

Escucho el sonido de estar allí. Viene a mi memoria el olor del cemento cuando acaba de llover. Escucho el sonido de los pitirres. Veo las nubes que lentamente pasan.


Pero me transporta a más que eso. Porque casa no es solo un lugar. Casa son muchos sentimientos. Casa son mis padres. Casa es el hogar.


El hogar es, sí, los eventos grandes, pero el hogar son los momentos sencillos, el día a día.

Hogar es los cumpleaños y las celebraciones, pero Hogar es también los momentos tristes cuando nos reunimos para llorar una pérdida o compartir memorias de la Hermana y la Hija que ya no está con nosotros.


Hogar también es los momentos callados, como una siesta.


Hogar es el cafecito. El bullicio de los trastes. Hogar es el tendedero de ropa. Los detalles en las paredes de la sala o el pasillo.


Hogar es el sentarse en el balcón o descansar en la butaca.


Hogar es el talar en la parte de más atrás de la casa, donde están las palmas de coco o las matas de guineo.


El Jardín de Mami tiene helechos, palmas, amapolas, y orquídeas. El Jardín de Mami esta lleno de recuerdos, de cuidados, y de ternura.


En el Jardín de Mami están sembradas atenciones, oraciones, y gestos de dulzura.

En el Jardín de Mami se dan los consejos y las palabras de aliento. En el Jardín de Mami también se da afecto en silencio.


El Jardín de Mami me dice tantas cosas.

El Jardín de Mami es Casa.

El Jardín de Mami es Hogar.

El Jardín de Mami es Amor.

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