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  • Foto del escritorSala Urbana

No Todo Es Nueva York

Por Samuel Rodriguez Flecha, PhD / info@salaurbana.com


Cuando me criaba en Puerto Rico, escuchaba a los adultos hablar de cómo, cada vez que alguien se iba ‘pa’ allá afuera,’ se asumía, o al menos se decía, que se fue pa’ Nueva Yol. Ciertamente, Nueva York era el destino predilecto de los boricuas en el siglo 20 a la hora de embarcarse, y lo sigue siendo para muchos. A medida que más puertorriqueños se establecían en Nueva York, era más fácil para familiares y amistades mudarse a la misma ciudad en vez de irse a aventurar a un lugar sin puertorriqueños.



De Nueva York se fueron expandiendo a Nueva Jersey, Connecticut, y Pensilvania. Pero Nueva York se mantuvo como la meca de los boricuas. Allí se creó comunidad. Nos organizamos. Creamos entidades cívicas y políticas para luchar por nuestros derechos, por mejores condiciones de vivienda, mejores oportunidades educativas, para progresar y echar pa’lante, y para mantener nuestra identidad.


Esas comunidades boricuas se fueron formando mayormente en el noreste de los Estados Unidos. Hoy día se estima que Nueva York tiene poco más de un millón de boricuas, New Jersey medio millón, Pensilvania medio millón, Massachusetts más de 300,000, y Connecticut también alrededor de 300,000. También nos fuimos movilizando para el midwest, mayormente en Chicago, Illinois, y en los estados de Indiana y Ohio, destinos típicos para nosotros.

En el siglo 21, el destino preferido ha sido la Florida. Actualmente residen en Florida más de 1.2 millones de puertorros. Basta ir a Orlando o Kissimmee y es casi como estar en Puerto Rico. Se escucha el español distintivo en todos lados, la música, las tiendas... En fin, allí uno no se siente tan lejos de la Isla.

Podemos apreciar la aglomeración de puertorriqueños en estos estados si miramos el porciento de boricuas en la población total. En Connecticut, los puertorriqueños son el 8% de la población, el más alto en todos los estados. Le siguen Florida con 5.3%, Nueva York con 5%, y New Jersey con 4.9%.


Estas concentraciones representan comunidades bien establecidas donde se hace mas llevadero relocalizarse. Encontramos escuelas con programas bilingües, con maestros boricuas, y hasta periódicos con noticias de la Isla, negocios puertorriqueños como restaurantes y panaderías donde podemos saborear nuestra comida criolla y el pan sobao. Encontramos además organizaciones puertorriqueñas, teatros, escuelas, museos, centros culturales. Celebramos festivales y paradas puertorriqueñas. Encontramos lechón, pasteles, piraguas, y quenepas.



Por eso y muchas otras razones, es más fácil y muchos preferimos relocalizarnos a donde ya haya otros puertorriqueños. Sin embargo, no es así para muchos en la diáspora.

Así como hubo pioneros que se ajustaron los pantalones, que hicieron de tripas corazón, y abrieron brecha para todos los que les siguieron, hoy día hay muchas familias puertorriqueñas que se abren camino en lugares donde no hay comunidades boricuas establecidas. Individuos y familias que se establecen en la periferia, no en los epicentros.

Aunque hay boricuas en los 50 estados, así como hay un par de millones en el noreste y más de un millón en la Florida, hay 29 estados con menos de 40,000 puertorriqueños. Donde menos boricuas hay: Wyoming con menos de 2,000; Montana con poco más de 2,000; las Dakotas con 3 mil y pico cada una; y Vermont con unos 3,500 boricuas.

Si miramos a base de porcentaje, así como 8 de cada 100 residentes en Connecticut son puertorriqueños, en el otro extremo hay 35 estados en los que menos de medio por ciento (0.5%) de su población se identifica como boricua. Los estados con menor porcentaje (0.2%) son Wyoming, Montana, Idaho, Nebraska, y Iowa.

En muchos lugares como esos, u otros similares, no hay bodegas, no se consiguen panas, ni malangas, ni bacalao. Tampoco hay comunidades boricuas establecidas que te den la mano y te ayuden a acoplarte al principio. En esos lugares el boricua empieza sin comunidad. Muchos comienzan solos, o son solo la familia nuclear. Si escuchamos conversación en español, se nos para el oído a ver si el acento es boricua. De vez en cuando uno se sorprende si, de momento, vemos uno banderita de la monoestrellada en el espejo del carro, o un sticker del coquí taíno.


Recordemos que no todo es Nueva York, y que hay muchos compatriotas que se encuentran en las fronteras más distantes de la diáspora, tanto en Estados Unidos como en otros países.


Mantengámosles en nuestras oraciones. Que Dios les provea donde se encuentren. Que el calor caribeño que llevan en su corazón les sigua calentando a medida que luchan por un mejor por venir. Y que puedan pisar suelo boricua en un futuro no muy lejano, ya sea de visita o de regreso.


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