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  • Foto del escritorSala Urbana

SOY MAS QUE MIS HERIDAS: EL LIBRO DE LAS CUATRO CONFINADAS

Por Kenneth Yavier Santiago Lopez / redaccion@salaurbana.com


Entre pasillos fríos, un patio con pocas plantas y portones de alta seguridad se encontraban cuatro increíbles historias llenas de superación, valentía y mucho valor. Los errores y tropiezos que cometieron estas chicas hasta privarlas de la libertad hoy son contados tras las rejas, pero con la frente en alto y más fuertes que nunca.

Cuatro mujeres con grandes historias, allí con sus rostros iluminados con el brillo que solo a ellas las caracterizaba en aquel momento. Quizás aún llenas de inseguridades, pero que poco a poco van trabajando y superando para lograr su objetivo, mirando aquel libro, en el que muchas de sus páginas fueron escritas por cada una de ellas. Dejando allí lo que por mucho tiempo escondieron y plasmando lo que solo a su almohada consultaban, esa mochila de pensamientos pesados que cargaban ellas solas. Momentos que les hicieron dudar de ellas mismas, pensando no poder trabajar y construir una nueva historia para poder seguir adelante al momento de salir a ver el mundo que por un momento se detuvo.

Colocando sus historias dentro de páginas que les ayudaron a superar sus miedos, heridas y pesadillas, así es como exactamente se creo el libro titulado “Soy más que mis heridas”, una iniciativa del Programa de Servicios Educativos de la Fundación Felisa Rincón de Gautier y el Complejo de Rehabilitación Para Mujeres en Bayamón, uno que logró exponer los relatos de las confinadas Brenda Pacheco, María Negrón, Sonnellie Candelario y Josmar Maité.


Al escuchar sus historias, la piel erizada no podía ser controlada, las lágrimas de por medio y la emoción que se siente al escuchar con mucha atención lo que hoy hace fuerte a estas mujeres. Sin miedo al aceptar sus errores, con seguridad en todo momento y felices de encontrar compañeras que tienen el mismo sueño, de la mano y al mirarse unas a las otras se notaba el cariño que se sentían, el orgullo al poder decir “lo estamos logrando”.


En aquella mesa redonda, con tres sillas se encontraba una de las chicas confinadas, Brenda Pacheco, la chispa y más atrevida de ellas, una portavoz y líder al momento de contar su historia. Con sus ojos llorosos, pero con el corazón inflado de emoción y llena de valentía contaba las vivencias que la han llevado a construir la persona es hoy día. El abandono de su madre por más de 45 años es lo que ha construido al pasar del tiempo el caparazón inquebrantable que la protege hoy. Una mujer con sueños claros luego que logre salir de allí abrazaba aquel libro, su bebé, como en muchas ocasiones mencionó.

“Yo soy más que esto, soy más que esa herida”, mencionó Brenda emocionada por el logro de poder superar este doloroso acontecimiento.


Allí sentada recordó con orgullo como fue el momento en el que tomó la decisión de hablar lo que por muchos años fue dolor y rencor. Un tema del que jamás sintió estar preparada para poder hablarlo, logrando hoy superar y trabajar por lo que por años le atormentaba. “En mi habitación escribí la carta para la mujer que me trajo al mundo. Ese día comprendí que esa herida estaba sanando, por que siempre que hablaba del tema de mi mamá era un llanto tendido. Escribí esa carta sentada en mi habitación y no solté una lagrima, ahí dije, Señor, gracias por que me estás curando esta herida, una herida que Tú permitiste que pasara con algún propósito”, concluyó Brenda, sosteniendo ese libro que hoy le brinda fuerzas para seguir adelante.

A su lado se encontraba María Negrón, una mujer camaleónica, que a simple vista se podía observar su fuerte carácter, pero al hablar se notaba su gran y enorme corazón. Una mujer cuyos sueños son recuperar el tiempo perdido y poner en práctica todo lo que ha podido aprender dentro de esta difícil situación y que está a punto de salir a la libre comunidad, feliz y clara de que su hija es la mayor inspiración para salir adelante. “Quiero estudiar, trabajar y quiero luchar por ese ser que me está esperando allá afuera”, resaltó María tras dialogar sobre uno de los temas expuestos en su autobiografía.


Con ganas de luchar, sin imaginarse que escribiría un libro, describiéndolo como su mayor logro, recordó el difícil proceso al que se enfrentó al llegar al taller para solo restar días de su sentencia, un pensamiento totalmente diferente al de hoy al ver que su historia podría llegar a cambiar el mundo de otras mujeres que la leerán. “Soy una nueva persona, era una oruga que ya se convirtió en mariposa”, culminó María la conversación e historia que le presentaba a Sala Urbana.

Por otro lado, en la última silla, callada y prestando mucha atención a sus compañeras estaba la más tímida de ellas, pero la que su valentía se hacía notar, Sonnellie Candelario. Una chica cuyos pensamientos y ánimos contagian a los demás y que ya había tenido la experiencia de escribir un libro. En su primer libro plasmó la vida de una persona cercana y ahora en su segunda oportunidad de escribir, cuenta su propia historia. Candelario es la responsable de animar a las otras chicas a que soliciten más allá de talleres, experiencias que jamás borrarán de sus memorias.


Describió su vida como una difícil pero llena de aprendizajes que le han brindado la fuerza para poder seguir adelante, manteniendo su fe y esperanza para poder salir a la libre comunidad con la frente en alto a pesar de su sentencia de 24 años de prisión. Ya 11 años de ellos cumplidos, Candelario está clara de lo que realmente quiere realizar con su vida al momento de salir a la libre comunidad: “Quiero salir adelante y quiero seguir cumpliendo mis metas. Estoy estudiando un grado asociado en Ciencias en programación de computadoras, por que lo mío es la tecnología”, mencionó emocionada al dialogar sobre las metas que tiene trazadas para el continuo de su vida fuera de la prisión.


Creando experiencias y procesos que las llevarán a lo positivo dentro de cada una de las situaciones que de manera individual han vivido, llevándolas a caminos inesperados que le ayudarán y llegarán a las vidas de mujeres, adolescentes y niñas para así empoderar y a reflexionar sobre los procesos de la vida.Una huella grandísima en la sociedad, con sus historias y experiencias, deseosas de salir a mostrarle al mundo y a sí mismas que lo han logrado, demostrando que ellas SON MÁS QUE SUS HERIDAS.

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